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LA PIRAMIDE DE KUKULCAN

 

Cada una de las cuatro escaleras que acceden a la parte superior de la pirámide tiene 91 escalones, que dan un total de 364, y sumados a la plataforma sobre la que se asienta el templo superior nos dan el número 365. A nadie se le escapa que este número representa la totalidad de días que constituyen el calendario solar, con lo que nuevamente tenemos un motivo para relacionar la pirámide con el Sol o su calendario.

 

No se trata, ni mucho menos, de algo casual. Las nueve plataformas que constituyen el cuerpo principal de la pirámide quedan partidas por las escalinatas, de modo que cada uno de sus lados cuenta con 18 secciones. Este número coincide con el número total de meses de 20 días que formaban el calendario solar maya, llamado haab. Sobre el calendario maya, tema muy interesante, hablaremos en otra ocasión, puesto que las explicaciones que podemos ofrecer sobre el mismo podrían ocupar sendos artículos. De momento señalaremos simplemente el hecho de que los constructores de la pirámide de Kukulcán hayan querido, una vez más, hacer coincidir algún aspecto de la estructura de la pirámide con números de simbología calendárica.

 



 


Junto al calendario solar de 365 días los mayas utilizaban uno religioso de 260, llamado Tzolkin. La diferencia de días entre uno y otro calendario provocaba entre ellos un desfase, de tal modo que únicamente tras el paso de 52 años volvían a coincidir en el primer día del año.

 

Este acontecimiento lo seguían con gran expectación todas las poblaciones mesoamericanas, celebrando multitud de fiestas e incluso sacrificios. Por esto, tambiéén el número 52 es simbólicamente importante.

 

La arquitectura de la pirámide tampoco ha dejado escapar la ocasión de relacionarse con ese número. Si observamos detalladamente las plataformas o pisos que forman el edificio en cada uno de sus lados, veremos que están decorados a lo largo de grandes paneles. La suma de estos nos da 52, en cada lado.

 

Otro número importante relacionado con la cosmogonía maya es el 9, puesto que 9 son los niveles del inframundo y 9 los Nueve Señores de la Noche. El que la pirámide de Kukulcán tenga 9 pisos podría relacionarse con este hecho.

 

Pero lo más conocido y, sin duda, lo más espectacular que puede ofrecernos el estudio arqueoastronómico de la pirámide es la visión del descenso del dios Kukulcán a la Tierra.

 

Este formidable espectáculo puede observarse en la escalinata del lado Norte de la pirámide que, como recordaremos, es la única que en su base finaliza con cabezas de serpiente emplumada. En los días del equinoccio, alrededor de las tres de la tarde, el murete (alfarda o pequeño muro) que delimita el lado occidental de esta escalinata está completamente iluminado por el Sol. En seguida, la esquina Noreste de la pirámide comienza a proyectar su sombra sobre aquel murete, sombras de forma triangular debidas a los escalonamientos de los nueve pisos, que irán dejando su oscura huella en la parte superior de la alfarda. Una vez se han proyectado todas las sombras triangulares, quedan espacios triangulares entre ellas plenamente iluminados, de tal modo que lo que vemos es una auténtica serpiente de unos 35 metros de longitud con su cabeza en la parte inferior. Este juego de luces y sombras se desarrolla durante varias horas, pero sólo unos diez minutos estará toda la forma perfectamente completa. Según el Sol vaya descendiendo hacia el Oeste, los triángulos iluminados desaparecerán progresivamente desde la parte inferior del murete hacia arriba, hasta que, en el ocaso solar, los últimos rayos de luz serán dedicados al templo que corona la pirámide.

 

Si algún lector o lectora de este artículo siente interés por acudir a observar este maravilloso y complejo espectáculo que se produce todos los 21 de marzo y 22 de septiembre, ha de saber que coincidirá con tal multitud de gente que difícilmente podrá fotografiarse a solas con tan hermoso fondo. No obstante hay un pequeño truco poco conocido. Una hora después de que salga el Sol esos mismos días equinocciales, la serpiente de Quetzalcóatl - Kukulcán también se forma en el murete oriental de la escalera del lado Sur de la pirámide. El único inconveniente es que en este lado la base de la escalinata no remata con las cabezas de la serpiente.

 

Las seis sombras y los siete triángulos iluminados que forman el cuerpo de la serpiente suman 13. La simbología del número 13 en el mundo maya es muy compleja y también se relaciona con la cuenta calendárica.

 

Hemos de recordar que en el período posclásico el sistema calendárico llegó a simplificarse de tal modo que se impuso el llamado u kahlay katunob o cuenta de los katunes [series de 20 años]. Este ciclo duraba precisamente 13 katunes. Y también 13 son los niveles celestiales en la cosmogonía maya, y con el número 13 se relaciona también un dios con forma de serpiente.

 

Algunos investigadores han intentado obtener algún tipo de datación [indicación de lugar y tiempo] para la pirámide en función de relacionar su hierofanía [manifestación sagrada] más sobresaliente con fechas de importancia para el calendario maya. Coggins [un autor], por ejemplo, cree que la consagración de la pirámide tuvo lugar al concluir el décimo baktún [serie de 20 katunes], hacia el 13 de marzo de 830 d.C., cuyas celebraciones habrían concluido tras el descenso de Kukulcán por la escalera Norte de la pirámide. Por su parte, en una publicación algo más reciente, Arochi [otro autor] plantea la posibilidad de situarla en relación al katún 8 ahau [ahau es el día solar número 20 o último día de un uinal o mes del calendario maya], que llegó al final el gran ciclo del baktún 10.19.0.0.0., hacia el 19 de septiembre del año 1204 d.C.

 

Como hemos visto en las líneas anteriores, la construcción de la pirámide de Kukulcán buscó relacionarse con acontecimientos astronómicos y calendáricos relevantes. Esta asociación supone una enorme complejidad constructiva por lo que, cuando nos situemos delante de la pirámide, no sólo deberemos ver en ella una antigua construcción rematada por un templete sino algo mucho más valioso que nos conduce a un mundo que hace tiempo dejó de existir.

 

 

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